miércoles, 7 de diciembre de 2005

Encuentro con un Amo de Tenerife

Habíamos intercambiado varios emails y al mediodía me había llamado por teléfono para quedar. Como otras veces intenté mostrarme todo lo sumiso que pude sin forzar la situación. Podía haber sido más, porque realmente me sentía más, pero en un momendo dado pareció hartarse de tanto "donde Usted elija" y tal. Al final quedamos, como no podía ser de otra forma, en el Yumbo. Primero él quería que nos viéramos a las 3 o así en el Cruise o en otro bar. Sinceramente estaba demasiado agotado como para esperar hasta esa hora para conocerle, teniendo en cuenta que loq ue realmente esperaba era que apareciera un tio que no se enteraba de nada y que, tras una ligera conversación, nos fuéramos cada uno por su lado. Así que al final quedamos a las diez en la sucursal de la Caixa.
Cuando llegué al punto de encuentro efectivamente no había nadie y empecé a temer lo peor. Aún así esperé y a los pocos minutos se acercó. Lo primero que me llegó fue el ruido de sus botas. Marcaban el paso de forma increíble, golpeando el suelo de rítmicamente. Aquello me gustó inmediatamente y me predispuso. Era de mi misma altura más o menos. Además de las brillantes botas negras vestía un pantalón vaquero, una camiseta y una cazadora bomber negra.
Nos saludamos y me pidió que por el momento no lo tratara de Usted porque estábamos al mismo nivel ahora. Fuimos a una cafetería cercana a tomar un café. Estuvimos hablando bastante rato y él siempre se mantuvo en su sitio, equilibrado, siendo realista y sincero. Todo aquello me gustó. En nuestros gustos parecíamos coincidir casí absolutamente. La verdad es que cada vez me sentía mas confiado y seguro.
Después de un buen rato allí fuimos al Cita, al Chaps, esperando poder tener un sitio con más intimidad. Sin embargo ese día hacían fiesta de al espuma y a ninguno de los dos nos iba ese rollo. Antes de entrar quiso ver lo que había llevado. Abrí el portabultos y le mostré el pantalón, las botas, las cuerdas, etc. Dijo que le gustaría verme con las botas y allí mismo me las puse.
Volvimos al Yumbo y en vez de ir al Construction fuimos al Block. Estaba completamente remodelado: la barra cambiada de sitio, la decoración, etc. Pedimos algo y estuvimos hablando un rato más. En algunos momentos temí haber metido la pata con algunas cosas que dije, pero la velada se desarrolló sin contratiempos.
Cuando terminamos la copa me dijo de ir a ver el cuarto oscuro. Pasamos por delante de algunas cabinas hasta el final, donde estaba el cuarto propiamente dicho. Sin embargo nos quedamos en el inmediatamente anterior a la izquierda. Allí había un sling. Era rígido: una tabla colgada del techo por cuatro cadenas. El me había dicho ya lo mucho que le gustaba un sling y vi normal que entráramos. Bueno, realmente él entró y me empujó a mi. Con dos buenos zarandeos me puso en mi sitio y me hizo arrodillar y meter mi cara en su entrepierna notando su polla dura. Yo intentaba comérsela a través del pantalón. Me pegó en la cara, golpeándome la oreja. Yo asentí. Pronto se bajó el pantalón y me metió su polla en la boca cual grande era. Tuve un poco de arcadas hasta que me fuí acostumbrando, Pronto estuve sin camiseta y sin pantalón, sólo con las botas puestas. Mientras seguía comiéndosela instigado por él, cambiando el ritmo y de muchas formas, pero él siempre de pie y yo siempre de rodillas. Al principio mi polla no reaccionó, fruto de la sorpresa, pero pronto me metí en situación y reaccionó a sus deseos. El parecía estarlo pasando muy bien, al menos la parte que yo podía ver desde mi situación de rodillas.
En un momento dado me puso boca abajo sober el sling, me abrió de piernas y comenzó a trabajarme el culo. La verdad es que recuerdo aquello confuso porque mi cabeza se fue, dejando paso a las sensaciones que fueron muchas y muy intensas. Me fue metiendo los dedos hasta que ya no pude contar los que entraban o salían. Entonces, creo que fue entonces, cuando me penetró. Sólo se que de pronto me estaba embistiendo y yo gemía y gemía y le suplicaba, casi a partes iguales, que siguiera y que parara. Sigió así durante un tiempo que no sé calcular. Luego me da la vuelta y me coloca boca arriba en el sling. Pone mis pies en dos correars que había colgadas en las cadenas y vuelve a tomarme. El placer es tan intenso que tres o cuatro veces estoy a punto de mearme encima. La verdad es que no sé si ocurrió porque mic abeza está ida y el lugar muy oscuro. Si me doy cuenta de que mi barriga está húmeda por algún líquiso que ha salido de mi polla. Sigo gimiendo y aviso que me voy a mear. El me dice que lo haga, pero al final no ocurre. El sigue y sigue embistiéndome, y yo creo que voy a perder la razón, sinceramente.
En un momento dado le suplico que pare, algo de lo que en estos momentos me arrepiento. Me baja del sling y me obliga a comerle la polla de nuevo. Ahora tiene ese sabor plasticoso de haber estado dentro del preservativo. Se la como con devoción y deseo. Nuevamente hay arcadas pero me la meto hasta el fondo. Entonces él se apoya en la pared y pone su bota en mi hombro. Y yo comienzo a lamerla por todas partes, limpiándola, que que esté brillante para él. Comienza a pajearse y me dice que lo haga. Yo lamo y muevo la mano con mucha intensidad. Entonces me dice:?quieto?, y comienza a mearme. Noto el fuerte chorro en mi cara, en mi cabeza, cayendo por mi pecho. Aquello me pone a millón. Entonces sigo lamiendo y anuncio que me voy a correr. El me da permiso. No recuerdo las palabras exactas, tan absorto estaba. Como suele ser habitual en mi me corro con fuertes conbulsiones. No he terminado de correrme cuando él también lo hace encima de mi.
Cuando me calmo me doy cuenta de la situación. Estoy de cuclillas, desnudo salvo por unas botas, completamente mojado con la orina y la lecha de un Amo, del que quisiera que fuera mi Amo. Soy feliz. El está de pie delante mio, me levanta y comenzamos a vestirnos.
El me dice que quiere que vaya con su orina hasta mi casa, oliendo a él. Aquello me vuelve a poner. Nos vestimos y salimos. El bas está prácticamente desierto. Yo me encuentro en estado de shock. Las cosas que están a mi alrededor no parecen reales, solo lo que pasó en el cuarto fue real.
Caminamos hacia el centro de la plaza del Yumbo. El me pregunta por las cosas, por como me siento, si estoy bien, etc. Pregunta por el efecto concreto de algunas cosas: las bofetadas por ejemplo. Le comento que todo está bien, que solo estoy un poco desorientado por la intensidad del encuentro. Cuando llegamos al centro de la plaza él se sienta en un banco y yo permanezco de pie. Entonces él adelanta la pierna donde se ve la brillante bota y me mira. Yo me arrodillo y se la lamo. Parece complacido y me levanta, quiere evitar que alguien conocido me vea. Ese detalle también me gustó porque indica que puedo confiar en él.
Luego fuimos a un local que ya había cerrado. Es de juegos pero tiene una máquina expendedora de refrescos. Me invitó a una coca-cola y estuvimos hablando durante bastante rato. El preguntó mucho y contó poco. Me pareció bien que así fuera porque la mejor forma de dominación es el conocimiento y yo quiero ser dominado y él quiere dominar asíque esa relación asimétrica debe ser también en lo referente a lo que cada uno sabe del otro. Yo contestaba sumisamente y con gusto.
Allí, apoyados en unas tablas de futbolín me fui entregando poco a poco. El parecía agradado y en un momento dado me volvió a ordenar que le lamiera las botas. Yo lo hice y cuando dijo basta me quedé delante suya, de rodillas, mirando al suelo, hasta que me permitió levantarme. Sentí realmente su poder y volvía a desear que todo lo que había a mi alrededor desapareciese de forma que estuviese libre para decirle: haré lo que lo Usted me diga, me someteré a sus deseos, obedeceré, iré y haré lo que Usted queira. Sin embargo la vida sigue ahí y tuve que regresar a ella.
Creo que este puede ser ese Amo que estaba buscando. Quiero someterme a su voluntad. El problema es que está en Tenerife pero bueno, eso puede convertirse en una ventaja porque parece que El quiere un esclavo pero también disfrutar de la libertad de no tener que cargar con este permanentemente.
Me acompañó hasta el coche y cuando llegamos me ofreció vernos al día siguiente, con cueros para tener una sesión de bondage. Inmediatamente me entristecí porque no podía, a pesar de las ganas que tenía. Al dia siguiente tenía que trabajar, en casa, porque era fiesta y el viernes de todas formas sí que trabajaba. Ahora me arrepiento de no haber ido pero sé que de todas formas no podría haberlo hecho así que hice lo correcto, aunque no fue lo que deseaba.

viernes, 14 de octubre de 2005

Una sesión de bondage

Ayer J me envió un sms diciéndome que hoy me llevara mi material al trabajo por si después teníamos una sesión. Yo obedecí.
Nos habíamos visto el sábado anterior para tomar café después de algún tiempo sin vernos. Me reprochó que estoy metido en tantas cosas que no tengo tiempo para lo realmente importante que en este caso es El. Pensé sobre ello y consideré que tenía razón en cuanto el bdsm es muy importante para mi. Decidí que la próxima vez que me llamase acudiría sin poner excusas y que si tenía lago que hacer lo pospondría. Y así fue.
A la hora indicada estaba tocando a su puerta. Abrió y entré. El vestía pantalón vaquero, zapatillas de cuero marrón y camiseta. Cerró la puerta y se puso delante mia con el pie izquierdo adelantado. Aquello sólo podría significar una cosa, así que me arrodillé y comencé a lamérsela, con intensidad; por delante, por los lados, por el talón. No paré hasta que toda la zapatilla estuvo brillante. Luego pasé a la otra cuando El la puso delante mia. Cuando hube terminado me ordenó que me desnudara. Lo hice y quedé de rodillas con las manos a la espalda en actitud de espera. Un ligero empujón bastó para que me pusiera a cuatro patas, en postura de atención, con la cabeza en alto. Lo primero que me puso fue un collar que ajustó bastante a mi cuello.
Luego comenzó a ponerme una cadena alrededor del cuerpo. La enganchó al collar y por la espalda y la raja del culo por delante hasta el collar nuevamente. La cadena justo me tocaba el orificio del ano lo que, además de una sensación de frío parecía que lo tenía completamente abierto. Luego me puso un antifaz con lo cual no vi absolutamente nada de lo que hizo después aunque sí lo sentí. Colocó otra cadena alrededor de mi cintura y la apretó. Luego me puso las dos esposas de cuero y me dobló los brazos a la espalda enganchándolos a la cadena. En un primer momento los dobló tanto que el dolor era muy intenso y no podía soportarlo mucho. Supuse que querría tenerme así algún tiempo así que los desenganchó y los colocó un poco más abajo, pero no demasiado, por lo cual eso ya era una tortura. Luego me colocó la mordaza de bola para que no pudiera quejarme por lo que volví a suponer que iba a pasarlo mal.
Acto seguido me ató los pies con una cuerda, también muy fuertemente y los dobló hasta casi tocar mi culo, pasando luego la cuerda por el collar de forma que cuando tiraba me obligaba a doblarme. Las piernas tiraban del cuello de forma que comenzaba a asfixiarme. Cada tanto tiempo me preguntaba si estaba bien y yo respondía. Me había metido en situación muy rápidamente y estaba perfectamente integrado en mi papel de sumiso.
Ya me tenía perfectamente inmovilizado y empezó a jugar conmigo. Lo hizo poniéndome algo elástico de latex o goma en la cara. Lo estiraba hasta que cubría toda la cara y entonces me la ponía, impidiéndome respirar. Al principio lo dejaba poco tiempo puesto pero, poco a poco, fue aumentando.
Cuando me rebelaba mucho o me resistía, El tiraba de la cuerda haciéndome doblar, aumentando aún más la asfixia y tensando los músculos de mi espalda, brazos y piernas.
Sufro de alergia y en un momento dado se me bloquearon las fosas nasales y como tenía la bola en la boca, el aire que entraba era mínimo. Comencé a asfixiarme de verdad. Gracias a Dios se dio cuenta y quitó la bola con lo que pude aspirar el tan preciado aire. El me acariciaba y decía que me me tranquilizara. Entonces volvió a tirar de la cuerda, ahora más fuerte y durante más tiempo. El dolor y la asfixia eran mayores......y crucé la linea.
-Me someto, Amo, me someto- dije a duras penas. El soltó la cuerda y preguntó:
-¿Qué has dicho?
-Que me someto a su voluntad Amo-contesté yo.
No podía ver su cara pero estuvo en silencio unos segundos. Entonces me desató, me quitó las cadenas pero dejó las muñequeras. Me quitó el antifaz y puede verle mientras mis doloridos músculos, especialmente los brazos, recuperaban parte de su movilidad.
Cuando me hube recuperado y levanté la vista El ya se había sentado en un sillón y tenía las piernas abiertas. Con un gesto de la mano me indicó su entrepierna y yo fui, me apoyé en su rodilla y lo miré. Quería que me comportara como un perro y así lo hice. Comencé a jugar y a lamerle la mano. Y le mordí muy suavemente la entrepierna. Noté su polla dura. El se la tocó para que viera su forma a través del pantalón. Entonces me apartó y me quedé en posición de atención. El desapareció de mi campo de visión y cuando volvió solo tenía puesta una camiseta.
No sé cuanto tiempo duró pero lo único que hice a continuación y durante bastante rato fue hacerle una mamada. Durante ella me llevé dos bofetadas por no ser cuidadoso y hacerle daño y estuve a punto de vomitar varias veces por las arcadas, de lo profundo que llegaba su miembro. A intervalos también jugaba con la respiración poniéndome ese trozo de latex que ahora pude ver era un gorro de natación. Me pareció enormemente ingenioso la forma en la que lo estaba usando.
En un momento dado me fui calentando y me volví más atrevido. Me subí encima suya, aun estando de rodillas y comencé a manosearla la polla. Entonces Él se enfadó y me puso recto de rodillas, esposándome las manos a la espalda y sujetándome por el cuello para que no me pusiera encima de El.
Así estuvimos bastante tiempo. Había perdido la noción de cuanto llevaba allí, pero en un momento dado, tras un rato que llevaba puesto el antifaz me lo quitó y dijo.
-¡Vístete!
Obedecí y salimos. Fuimos hasta su coche y le abrí la puerta. Entró, dejó un pie fuera y me arrodillé para besárselo. Luego me dijo que me llamaría y se fue. Yo fui hasta mi coche y me marché. No sé si se corrió o no. Realmente tampoco importa. Lo importante es que pareció gustarle la sesión y yo me sentí muy muy sumiso.

sábado, 3 de septiembre de 2005

Momificación

Primero conectamos por el chat y estuvimos negociando. La verdad es que J. se mostró dialogante y atento así que fui confiando cada vez más en él. Decidimos que me momificara. Para incitarle un poco más le propuse que me momificara y me dejara así hora y media. Estaba seguro de poderlo conseguir aunque él no lo creía. Me propuso que él debía recibir algo a cambio así que quedamos en que si conseguía estar hora y media me ducharía y me daría un masaje. Si no aguantaba y solicitaba soltarme tendría que estar disponible para todo lo que quisiera, especialmente algún tipo de favor sexual. Así lo decidimos y quedamos a las nueve menos cuarto en unos aparcamientos de una zona de la ciudad de reciente construcción.
Llegué a tiempo y tuve que esperar un poco. Cuando llegó lo seguí hasta un duplex vacío en una zona solitaria. Tal y como me había ordenado en el chat nada más entrar me desnudé y me quedé en pelotas. Se puso delante mia y le lamí las zapatillas deportivas de cuero marrón que llevaba puestas. Acto seguido me subió al piso superior y me llevó a un dormitorio. Hacía muchísimo calor. Estaba siendo uno de los días más calurosos del verano. Me ofreció la mano y me dijo:
-¿Estás de acuerdo con nuestro trato?
Yo asentí con la cabeza y nos apretamos la mano. Teníamos un acuerdo. Acto seguido sacó papel transparente, del usado para envolver los alimentos, un rollo de cinta americana gris y otro de cinta adhesiva marrón. Me hizo cruzar los brazos en el pecho y empezó a envolverme con el plástico. Lo hizo a conciencia, fuertemente y con habilidad. Me sorprendió que un Amo tan joven se manejara tan hábilmente. El calor era cada vez mayor y yo comencé a sudar a mares. El también sudaba y al poco tiempo tuvo que abrir las ventanas aunque con las persianas exteriores cerradas.
Poco a poco me siguió envolviendo apretando el plástico contra mi cuerpo. En lugares determinados, tras el plástico, me ataba con dos o tres vueltas de cinta americana. Lo hizo en el pecho, asegurando los brazos; en las rodillas y en los tobillos. Yo iba notando como mi capacidad de movimientos se reducía progresivamente hasta que ya no me pude mover. Notaba las gotas de sudor recorriendo mi cuerpo y mi cara.
Cuando terminó el cuerpo me miró y dijo:
-El tiempo comienza a contar ahora, cuando te envuelva la cabeza.
Acto seguido me envolvió la cabeza con el plástico, solo dejando fuera los orificios de la nariz. La envolvió toda y puso varias vueltas de cinta americana alrededor de la boca y en la frente. Estaban muy apretadas y ajustaban fuertemente el plástico a mi cabeza. Fue indescriptible la sensación que tuve, una mezcla de terror, sofoco, excitación, dependencia..... La realidad es que no podía moverme, ni hablar. Antes de taparme los ojos J, que ya estaba en calzoncillos, me había enseñado su polla. Estaba realmente excitado. Aquello le había puesto muchísimo.
Cuando terminó casi no podía hablar, no podía ver y desde luego no podía moverme. Lo siguiente me sorprendió porque me agarró y me levantó en peso, lo cual es bastante difícil porque soy una persona muy grande. Me llevó hasta un lado de la cama y me tumbó allí. Estaba completamente inmovilizado. Nunca había estado así. Entonces él dijo:
-¿Te has meado?
Yo me espanté y dije que no, moviendo la cabeza y con un gruñido.
-Aquí hay un charco.
"Sudor, sudor", intenté gemir yo y pareció entenderlo. La verdad es que no había caído en la cuenta de lo que estaba sudando. El calor era agobiante y el plástico lo multiplicaba. Pronto noté como todo mi envoltorio estaba mojado. Era increíble. Intenté varias veces moverme pero no pude.
Entonces J dijo que se iba a ir y preguntó si estaba bien. Yo asentí. Antes de eso noté algunos flashes. Me estaba sacando unas fotos. La verdad es que no sé si se fue. Sólo se que cada tanto tiempo volvía y me preguntaba si estaba bien. Yo había perdido la noción del tiempo. Intenté contar pero fue inútil. Todo iba bien hasta que la cinta americana que había atado alrededor de mi cabeza comenzó a apretarme fuertemente. Intenté relajarme pero la presión era demasiada. Al poco tiempo comencé a tener palpitaciones y un inicio de dolor de cabeza. Me asusté. La siguiente vez que vino a comprobar si estaba bien le dije, entre gruñidos, lo que pasaba y que quería seguir pero aquello me asustaba. Entonces cortó, también muy hábilmente, el envoltorio de la cabeza y viendo la situación dijo:
-Estás sudando mucho. Hoy no es el mejor día para hacerlo.
Y entonces cortó el resto de la cinta, liberándome. Se sucedieron otra serie de sensaciones diferentes. Primero sentí los músculos entumecidos y luego un frescor que recorrió todo mi cuerpo. Me miré las manos y las tenía arrugadas, como si hubiera estado mucho tiempo bajo el agua.
-¿Cuánto tiempo he estado?-pregunté
-Unos 45 minutos-dijo El. Había perdido la apuesta.
-Yo quería continuar- dije en un estúpido esfuerzo por parecer duro.
-Baja-contestó El.
Estaba completamente desnudos, los dos los estábamos y aunque me acababa de ordenar ir al piso de abajo, me arrodillé ante él y me sujeté a sus pies en señal de sumisión. Aquello pareció gustarle.
Fuimos abajo y él se acostó en un sofá mientras yo iba a cuatro patas por el suelo. A partir de entonces no dijo nada pero con algunos gestos fue indicando. Yo esperaba que me obligara a pagar mi deuda por haber perdido, pero no ocurrió. Sin embargo fui asumiendo cada vez más el papel de un perro y, mientras él veía la televisión me acurrucaba en el suelo al lado del sofá.
En un momento dado se miró los pies y comencé a lamérselos. Sabía que le gustaba y deseaba complacerle. Se los lamí un buen rato y a conciencia. Me sentía auténticamente su perro. Luego jugué con él, lamiéndole y mordiéndole la mano. A veces me acariciaba y en un momento dado me dijo:
-Mueve la cola- y yo moví el culo simulando su perro.
En un momento dado pensé que miraba su polla e iba a lamérsela cuando me apartó de un golpe. Inmediatamente me encogí a los pies del sofá temiendo haber cometido un error. Lo comprendí más tarde, cuando me ordenó recoger y me dio un puñado de papeles que olían a semen. Se había excitado y corrido mientras yo estaba momificado y no quería que le lamiera la polla.
Como digo, me ordenó recoger y fregar el suelo de la habitación donde había estado. Luego fuimos a tomar algo a un centro comercial cercano. Yo le seguía en el coche y aparcamos uno al lado del otro. Yo bajé pero él no. Dude, no sabía si quería que entrara en el asiento del acompañante para hablar de algo o qué. Entonces recordé cosas que habíamos hablado y fui a abrirle la puerta. Pareció satisfecho. Le seguí hasta el bar en actitud sumisa aunque no evidente para la gente, y a escasa distancia pero a su espalda.
Tomamos dos refrescos hablando de cosas intrascendentes y cuando nos despedimos me adelanté para abrirle la puerta del coche. El entró pero dejó un pie fuera. Yo sabía que quería algo, pero no sabía qué. Entonces caí y allí, en medio del aparcamiento, me arrodillé y le volví a besar las capas de cuero que llevaba. Terminó de entrar en el coche y yo cerré la puerta. Nos despedimos aunque creo que no por última vez.

lunes, 15 de agosto de 2005

Una sesión fuerte

Ayer hablé con M. y me propuso mantener una sesión hoy a las siete. Le contesté que sí y a las siete menos diez estaba tocando en al puerta de su casa. Tal y como habíamos quedado, abrió la puerta y yo esperé unos segundos. Entré en la casa y cerré la puerta tras de mi. El se había ido al salón para darme tiempo a cambiarme. Me quité las botas para deshacerme de los jeans y le siguió la camiseta. Luegos, de mi bolsa saqué los pantalones y el chaleco de cuero y me los puse. Es increíble el efecto que la ropa de cuero tiene en mi. Me pone inmediatamente.
Volví a meterme las botas con alguna dificultad porque son altas y tenía cierta prisa. Me arreglé los bajos de los pantalones y me miré al espejo: botas, pantalones de cuero negro, chaleco de cuero sin nada debajo; definitivamente estaba preparado para la sesión.
Entré sigilosamente en el salón y allí estaba él, sentado en su sillón. Tenía puesto un arnéss y encima una chaqueta de cuero negros, gorra y un suspensorio. Unas botas y unos guantes completan su vestimenta. Con al cabeza gacha me acerqué y arrodillé delante suya. El señaló con un dedo las botas e inmediatamente me puse a lamerlas. Primero fue su bota izquierda. La lamí profusamente, recorriendo cada trozo, llegando todo lo arriba que podía. Hice varias pasadas para no dejarme ningún rincón sin recorrer. Luego pasé a la bota derecha.
Cuando ambas quedaron brillantes me acercón, aún estando de rodillas y me recosté sobre él. Me acarició y me dijo que me trnauilizara, que estab todo bien. Me levantó, me puso el collar y un arness de cadenas. Luego me hizo quitar las botas y los pantalones y me quedé desnudo salvo por el arnéss y el chaleco encima. Me colocó una cadena y me dijo que íbamos a ir al dormitorio primero a jugar un poco, pero tuve que ir a cuatro patas como los perros.
En el dormitorio estuvimos jugando en una relación más tipo daddy/boy que Amo/esclavo aunque en un momento dado me esposó y me amordazó con una mordaza de bola que yo había llevado. Durante todo el tiempo estuvo trabajándome el culo con los dedos. A mi eso me pone un montón y cuando están un rato pierdo completamente el sentido. Hasta ese punto llegué con M. Por eso me espoo y me puso la mordaza, para controlarme. Luego me vendó los ojos y estuve aún más indefenso. El tiempo pasaba y yo no me daba cuenta. En un momento pensé que iba a estallar y a volverme loco.
De pronto paró y me llevó al salón esposado, con mi voluntad anulada, amordazado y con los ojos vendados. Allí estuvo haciendo algo mientas esperaba de pie. Entonces me desaró, me quitó la venda y la mordaza. También el arnés. Entonces me dio la vuelta y vi su última herramienta, Era una especie de banco del ancho de una puerta, llena de agujeros a espacios regulares enc ada lado y un gran agujero cuadrado en el centro. Había unos cojines planos puestos encima del banco que le levantaba unos pocos centímetros del suelo.
M. me hizo acostar y primero ató los tobillos con tiras de tela. Luego me puso unas muñequeras de cuero que también unió al banco con tela. Luego gue por el cuello y pasó varios trozos por la argolla del collar uniéndola firmemente al banco de bondage. Aún tenía cierta movilidad así que cogió tres correas que pasó por debajo del banco y apretó a la altura del pecho, la cintura y los muslos.
Entonces me retó a liberarme y lo intenté con todas mis fuerzas pero no pude. Le dije que era una cuestión de tiempo y me contestó que no importaba, que teníamos toda la noche.
Comenzó a jugar conmigo. Tenía acceso directo a mi culo por el agujero del centro del banco. Yo intentaba liberarme y me agitaba pero sin resultado. M. temiendo tal vez que tuviera éxito, me envolvió las manos en cinta aislante. Primero me hizo cerrar los puños y los envolvió de forma que no podía abrirlas. Parecía muy satisfecho de su trabajo, especialmetne cuando intentaba liberarme y no podía.
Llevaba ya un rato allí cuando se acercó con la mordaza. No sé por qué pero me resistí y le dije que no me la iba a poner. Por supuesto se enfadó. Me dio dos bofetadas. Como resistía me tapó la naríz y aún así no pudo. Me amenazón con meterme un dildo por el culo si no abría la boca. Inmediatamente sopesé las posibilidades y abrí la boca. Como castigo la apretó más de lo normal.
Luego estuvo usándome un buen rato, sobre todo centrándose en mi culo que a estas alturass estaba escociéndome bastante.
No sé cuánto tiempo pasé allí, pero ya estaba entumecido. Entonces M. me desaró y fuimos al baño. Pasamos a un sexo más vanilla en el sentido de más caricias, besos y comencé a comérsela, profundamente, con muchos movimientos. Oía constantemente sus gemidos y sabía que se estaba poniendo muy, muy cachondo.
Cuando llevábamos un tiempo así me metió en la bañera y comenzó a orinarme, aumentando y reduciendo el flujo de su orina a voluntad. SIempre me soprende esa capacidad que tiene para controlar su orina. Me insultaba y me decía palabrotas, mientras también me escupía. Yo estaba tumbado en la bañera mientras. Lo último que cayó sobre mi pecho fue su leche, mientras sus g

Reencuentro

Ayer un Amo de Tenerife me puso en contacto con un viejo conocido. Nos habíamos encontrado hace unos años y luego nos perdimos de vista. Durante este tiempo él se había perfilado como Amo y yo como esclavo. Chateamos un rato y hoy quedamos para tomar café. Me citó en el aparcamiento del Centro Comercial La Ballena. Nada más llegar me hizo seguirle hasta su coche. Me hizo subir y fuimos a una gasolinera a lavarlo en una máquina. Durante el tiempo que tardamos en llegar a la gasolinera me mostré sumiso y obediente. Mientras el coche estaba lavándose estuve a su lado, ligeramente atrás a su derecha. Me ordenó ponerme firme y no mirarle directamente a la cara sino al suelo. Por supuesto obedecí.
Luego fuimos a otra gasolinera cerca del Polígono Industrial de Las Torres para limpiar la parte interior. Comenzó él pero rápidamente me dio el aspirador para que terminase. Mientras tanto estuvimos hablando de nuestros gustos, limites, expectativas, etc. Cuando terminamos condujo hacia el interior del polígono. Al ser día de fiesta no había nadie salvo unos conductores de ambulancias y unos jóvenes arreglando una moto. Llegamos a una zona donde había varios solares. Allí paró el coche.
Al parecer en nuestra anterior etapa yo no me comporté adecuadamente y fluí grosero. Por supuesto esto merecía un castigo así que, además de tirarme d ella perilla fuertemente me pegó dos bofetadas. La polla, que se había animado desde que nos encontramos, se me puso muy dura. Le dí las gracias. Luego hablamos un poco más sobre nuestras visiones de una relación D/s. Yo estuve todo el tiempo mirando al suelo, incluso cuando me dio las bofetadas.
Entonces él levantó la pierna. Tenía puestas unas zapatillas deportivas marrones de cuero. Me preguntó si me gustaban y casi sin esperar la respuesta estiró la pierna hacia mi lado del coche y me dijo que estaban sucias, que tenía que limpiarlas.
Me puse manos a la obra. Lamí las zapatillas, al principio lentamente,pero pronto fui entrando en la tarea y cada vez lo hice con más deseo. Quería que quedara muy limpia, quería que este Amo que estaba a mi lado se sintiera orgulloso de mi. Sentí como su poder empezaba a entrar en mi. Cuando terminé pareció gustarle y dijo que me había portado bien y que lo pasaríamos en grande juntos.
Entonces arrancó y volvimos hacia La Ballena donde yo tenía el coche. Por el camino me acarició el cuello y la cabeza y me preguntó si estaba bien, que a él le gustaba cuidar de sus cosas. Aquel detalle me encantó porque funciono mucho con una combinación de dureza y suavidad. Sentí que había echado un anzuelo y yo al menos, me había enganchado en él. Cuando íbamos de camino me preguntó qué me apetecía y le dije que pasar la noche esposado en un sótano sin posibilidad de escape. Cuando aparcamos en La Ballena sacó algo de su bolsillo: unas esposas envueltas en un pañuelo amarillo y atados con una cuerda. Me gustaron mucho porque además tenían un diseño como antiguo, no eran las esposas tradicionales que todo el mundo tiene. Quedamos en seguir en contacto y que esta noche lo llamaría a las diez y media a ver si él dejaba que mi sueño se convirtiera en realidad y pudiera pasar la noche en un sótano.

viernes, 7 de enero de 2005

Vuelta a la Isla

Había quedado con J y C para dar una vuelta a la Isla. Estuve delante de su casa cinco minutos antes de la hora prevista y toqué el timbre. Como siempre me hicieron esperar. Cuando aparecieron venían muy cargados. C. llevaba sus botas y pantalones de cuero, camiseta negra y una chupa militar de camuflaje. J iba con zapas blancas y negras y vaqueros y vaqueros con camiseta blanca. Les abrí la puerta del coche y partimos hacia el sur. Pronto llegamos a Mogán y paramos en un mirador, en una degollada. Allí tuvimos la primera sesión. Nos adentramos un poco por un camino de tierra. Allí, semiocultos de los vehículos, C me pisó varias veces, me hizo quitarle las botas y olérselas y me hicieron varias fotos con ellos encima mia, de rodillas, sirviéndoles, etc. Se mostró muy duró porque me pegó varias patadas en los huevos y la polla. Disfrutaba mucho viéndome la cara retorcida de dolor. Varias veces me hizo tumbar sobre el suelo lleno de piedras mientras él se subía encima. J miraba y sacaba fotos. Me obligaban a cambiar de postura. Especialmente intenso fue cuando C me hizo quitarle las botas y lamerle los pies con los calcetines puestos. Luego me obligó o oler las botas mientras ponía sus pies en mis muslos. No debían tocar el suelo. Cuando quiso terminar con esa parte me ordenó que se las pusiera, presionando con mi pecho.
Estábamos muy enfrascados pero tuvimos que dejarlo porque un grupo de turistas aparcó cerca de nuestro coche y se acercaron. Volvimos y ellos llegaron antes porque, como me habían dicho, yo siempre debía mantenerme por detrás. Fue especialmente divertido cuando llegué y les abrí la puerta de delante y de atrás para que entraran porque un turista que estaba cerca se quedó mirando con una cara de sorpresa y de interrogación total. La verdad es que su era un poema.
Seguimos rumbo y tras una parada para comprar productos de la tierra llegamos a San Nicolás de Tolentino. Fuimos hasta el muelle a ver el mar y comer allí. C y J se quitaron las cmaisas y mientras disfrutábamos de unas sardinas y una paella C no hacía sino presionar y meter su bota en mi entrepierna. Cuando terminamos de comer o en la misma comida entre plato y plato me dedicaba a acariciarla.
Cuando terminó la comida nos fuimos a una especie de parque cerca de donde se celebra una de las fiestas más populares de la Isla, la fiesta del Charco. Allí, y sin importar que una pareja de la Guardia Civil estuviera patrullando por allí, volvieron a usarme. Esta vez C me tuvo la mayor parte del tiempo tumbado mientras me ponía la bota encima de la cara, el pecho o los genitales. Varias veces se subió encima mia teniendo que soportar sobre mi pecho todo su peso. En esas ocasiones casi me quedaba sin aire y no podía respirar. Eso le excitaba enormemente porque bastaba que me arrodillase delante suya para que se le pusiese dura la polla. J estaba paseando por allí y de vez en cuando venía y sacaba alguna foto.
El tramo más largo y pesado, como siempre, fue el camino de La Aldea a Agaete. Allí llegamos casi de noche. Vimos la llegada del Ferry de Tenerife. J se separó para ver la escollera de cerca y C y yo seguimos paseando, siempre a un paso por detrás suya. El paseo marítimo estaba en obras y había una caseta como de materiales, abierta y aparentemente vacia. Entramos y me arrodillé para lamerle las botas. Inmediatamente se empalmó. Pero ví una chaqueta y chalecos reflectantes y temía que entrara alguien.
Volvimos al coche y de camino a Las Palmas paramos en Arucas. Fuimos a una cafetería justo frente a la Iglesia. No había nadie y nos sentamos. Enseguida C puso la bota derecha en mi entrepierna. Solo la bajó cuando la camarera vino a tomar el pedido y a traer las cosas. Yo tenía las manos sucias así que me levanté para ir al baño. Había terminado de secármelas e iba a salir cuando apareció él. Con una orden imperativa señaló el retrete y me dijo “¡Entra!”. Obedecí y se subió al inodoro, se bajó los pantalones y me fue guiando: comerle la polla, comerle los huevos, acariciarle las botas y los pantalones. Me ordenó que le quitara las botas y las oliera. Estuve con la nariz metida en las botas bastante tiempo, mientras él se masturbaba.. Los dos intentábamos que no se oyera demasiado. Tenía miedo que en cualquier momento apareciera la camarera. Volvimos a empezar: polla, huevos, botas y entonces no pude más y se corrió. No sé si su gesto fue más de placer o de dolor al tener que contenerse y no poder gritar pero fue espectacular. Recuerdo como una gota de su leche cayó en la manga de mi jersey. Nos limpiamos y salimos. No había ni rastro de la camarera y J estaba hablando por el móvil. Nos sentamos y C volvió a poner su bota entre mis piernas y ya a acariciarlas.
El resto del viaje fue conducción y conversación amena pero sin nada particularmente trascendente. Quedamos para el lunes por la tarde dedicarlo a la ciudad y a conocerla. No sé si tendremos oportunidad de más movida de botas.

jueves, 6 de enero de 2005

De compras con mis Amos

Ayer por la mañana J y C me llamaron para que nos viéramos esa tarde. Querían que les acompañara a comprar varias cosas. Al final quedamos sobre las seis en El Corte Inglés de Mesa y López. Por diferentes razones llegué a las cinco y diez. Me entretuve viendo los libros, los ordenadores y los DVDs. Cuando me día cuenta eran casi las siete menos cuarto. Les llamé y estaban en un atasco por el aeropuerto pero me dijeron que esperase y así lo hice. Cuando llegaron no había aparcamiento así que tuve que me ordenaron que saliera y que ellos me recogerían en la puerta porque tenía que acompañarles a un sitio. Así ocurrió y fuimos al Centro Comercial El Muelle a aparcar. Al salir J cogió su chaquta y cuando habíamos andado unos cuantos metros C se dio cuenta de que la había dejado en el coche. Me mandaron a buscarla y obedecí. Inmeditamente me di cuenta de que debido a la gran cantidad de gente que había en la calle haciendo sus compras hoy iba a ser dominado sutilmente.
Cuando salimos del centro comercial hacia la calle que ellos buscaban C sintió calor y me dio la chaqueta para que la llevara. Me cuidé mucho de ir varios pasos por detrás de donde iban ellos. En un momento J se detuvo y yo también. El motivo no fue otro que comprobar si yo iba atento y si me atrevía a sobrepasarlo caminando.
Llegamos a la tienda y ellos hicieron sus compras mientras yo esperaba dócilmente fuera. Al salir también J me dio su chaqueta y la bolsa donde iba lo que habían comoprado. Así que yo llevaba todo y ellos iban sin nada en las manos. Por supuesto aquello me gustó.
Cuando desandábamos nuestros pasos se detuvieron en un escaparate a ver unas cámaras de dvd. Discutieron entre ellos la conveniencia de comprarla o no. Entonces C me preguntó que qué opinaba. Yo contesté: “estoy aquí para obedecer, no para opinar Señor”. Ambos sonrieron y J dijo, “parece que está aprendiendo buenos modales”.
Yo tenía que marcharme rápido pero no querían irse sin una muestra de sumisión así que en un rincón del Parque Santa Catalina me hicieron sentarme en un bordillo y J puso su zapa en mi rodilla para que la lamiera, cosa que hice inmediatamente. Luego C hizo lo mismo con los botines en los que había bebido el primer día. Fueron unas lamidas rápidas, pero suficientes.
Me emplazaron para el día 7 a las 10 de la mañana para dar una vuelta por la isla. Me ordenaron llevar una cuerda y que me preparara porque no sólo iba a ser una vuelta turística.

lunes, 3 de enero de 2005

Una sesión de botas

El día 1 por la tarde me llamaron C. y J. para que nos viéramos por la noche. Quedamos de once a once y media en el Yumbo, un centro comercial lleno de locales gays, algunos leather y bdsm. Yo llevaba una camisa negra, mis pantalones de cuero y unas botas de moteros. Ellos aparecieron a las 12. C. con pantalones de cuero, camiseta negra y chaqueta militar de camuflage; J. con vaqueros, camiseta azul y blanca y chupa de cuero. Los dos llevaban sus respectivas botas vaqueras, repujadas y puntiagudas.
En cuanto llegamos al Construction, uno de los bares donde comienza la movida, se hizo evidente que las chupas eran innecesarias así que me ordenaron que las llevara a mi coche. Obedecí inmediatamente.
En el bar había bastante gente. Tiene tres zonas diferenciadas: la terraza, el interior del bar y la zona de juegos que ocupa prácticamente lo mismo que donde están las barras. Cuando volví ellos estaban esperando en la terraza. Sin más dilación entramos en la zona de juegos. Echamos un vistazo. Ellos no recordaban mucho el sitio aunque el año pasado me usaron allí mismo. Las cabinas estaban todas ocupadas y esperamos donde estaba el sling a que se quedara una libre. Efectivamente al poco tiempo una del fondo quedó libre y entramos. Sin pérdida de tiempo me pusieron de rodillas y me hicieron lamer las botas. Estaba bastante oscuro pero podía sentir sus botas.
En la cabina había una especie de banco acolchado cobre el que me apoyé. Entonces C se subió encima y se sacó la polla dándomela a comer. Mientras tanto C. me tocaba el culo a través de los pantalones de cuero, hasta que empezó a darme nalgadas que debieron sonar en todo el cuarto de juegos. La puerta no tenía pestillo y C. se dedicaba a cerrarla para evitar que los numerosos curiosos entraran. Así seguimos un rato mientras notaba como J. se ponía cada vez más caliente. Su polla crecía en mi boca y con golpes en la cara iba marcando el ritmo que debía llevar. Mientras tanto C. seguía dándome nalgadas. Hubo un intercambio de palabras entre ellos pero yo no me enteré, estaba muy concentrado en lo mi.
En un momento J. se bajó del banco y me tumbaron en él boca arriba. C. se subió encima mia y puso las botas sobre mi pecho, mis huevos y mi cara. Estaba soportando todo su peso mientras J. miraba con los pantalones por las rodillas y la polla tiesa. En un momento dado me costó respirar, me estaba asfixiando del peso sobre el pecho, pero seguí. Notaba que los gemidos excitaban a C. así que continué dejando fluir mis sensaciones. En otros momentos suelo callar y concentrarme en lo que estoy sintiendo sin exteriorizarlo para no dar muestras de debilidad y expresar que puedo aguantar más. Entonces cambiaron de posición y J. subió sobre mi mientras C. bajaba. No sé en qué momento lo habían hecho pero ambos tenían los pantalones por encima de las botas.
C. también puso sus botas sobre pecho, polla, abdomen y cara; ambas piernas. En un momento dado hizo que inclinara mi cara hacia la derecha apoyando la planta de su bota sobre ella; y J aprovechó para meter su polla en mi boca y hacer que se la comiera. Estaba muy empalmado y disfrutaba por los gemidos que emitía. C. también lo estaba pasando bien encima mia. Yo lo único que podía hacer era tocar sus botas y soportar la presión. Supongo que lo peor, aparte de cuando reposaba todo su peso en mi pecho, era cuando me la ponía en la cara y presionaba.
Me insultaron y mis gemidos debieron oirse desde fuera porque algunos pretendieron entrar y disfrutar del espectáculo. Yo no me enteré de nada, pero luego me contaron que alguno entró y se quedó con la boca abierta.
Luego me cambiaron de posición. Me pusieron boca abajo y JC. siguió pisando: culo, espalda, piernas, brazos, manos y cabeza. Eso me dolió bastante, sobre todo cuando ponía en tacón sobre la cabeza o el cuello. Yo me agitaba pero era inútil. Luego volvió a mover mi cabeza y J. volvió a meterme la polla en la boca y seguí mamándola. Entonces, estimulado por los gemidos de J., C. comenzó a patearme, primero con la punta afilada de la bota en el culo y luego con un lateral. Aquello dolía bastante y sonaba aún más. Sé que entre ellos hubo abrazos, besos y que también jugaron con las botas, pero no pude darme cuenta de mucho porque estaba boca abajo y porque J. no dejaba de pisarme la cabeza. C. seguía gimiendo y entonces sacó la polla de mi boca y se puso cara a la puerta. En la penumbra pude ver cómo seguía moviendo su polla hasta que emitió un gemido profundo. Se había corrido.
C. seguía sobre mi espalda pero se bajó, el clima se había diluído un poco y yo me levanté. Estaba mareado por las patadas y la posición, pero contento de haber servido a aquellos dos Amos. Nos recompusimos como pudimos y salimos a la terraza a tomar algo. Nos sentamos en una mesa y me mandaron a comprar dos botellines de agua y una cola. Cuando me senté J. puso su bota sobre mi paquete y presionó. C. estaba a mi derecha y también levantó su pierna, pero solo pudo apoyarla sobre la mia. Bebimos casi en silencio. En la terraza había bastante gente, la mayoría extranjeros. Entonces, ante su sorpresa, levanté la bota de J. y se la lamí allí mismo. C. miró asombrado y empezaba a darle una especie de arranque de celos cuando también cogí la suya y se la lamí.
J. y yo queríamos salir, pero C. estaba cansado y allí él llevaba la voz cantante, así que nos fuimos sobre las 2 menos cuarto de la noche. Les llevé a la casa donde se están quedando. Cuando paramos me bajé del coche y les abrí la puerta. Al salir del Yumbo ya me habían llamado la atención por ir delante de ellos. Un esclavo siempre debe ir por detrás de un Amo.
Hemos quedado en vernos otra vez esta semana y dar una vuelta por la Isla.

sábado, 1 de enero de 2005

Comienza un nuevo año


Este diario comienza con el nuevo año y su título no puede ser más explícito. Soy un esclavo. No tengo Amo pero busco alguien a quien pertenecer, que me considere de su propiedad. En un mundo como el nuestro esta afirmación produce ampollas. Educados desde la infancia en una supuesta autonomía y libertad, decir que uno quiere ser propiedad de otro parace una locura. Y tal vez lo sea. Si es así soy un loco...y quiero serlo.

Además soy un enfermo porque soy fetichista: del cuero, las botas, el latex. Me encanta que me aten y me amordacen, y que me humillen. Si te escandaliza no sigas leyendo, si no es así disfruta.
El año comenzó bien antes de comenzar. J y C llegaron al aeropuerto y fui a buscarlos. Hace un año exacto que nos conocimos. Son amantes de las botas y de los tios que saben tratarlas bien. El año pasado tuvimos un encuentro y deje sus botas relucientes. Debió gustarles porque al volver me han llamado e inmediatamente he respondido.
LLegaron antes de lo previsto y los llevé en coche hasta la casa donde se quedaban. Eran las 9 y media. Les llevé las maletas hasta el 2 piso. Intentaron abrir unas maletas para enseñarme unas botas que traían, pero el candado se resistía así que comezamos por las de C. Llevaba pantalones vaqueros y lo que parecían unas botsa puntiagudas. Me arrodillé a una indicación suya y comencé a lamerlas. "Verás la sorpresa que te espera", dijo. Entonces, cuando iba a subir por la pierna me di cuenta que eran como unas zapatillas, con punta y tacón de bota pero sin nada más. Me encantó. J iba dando algunas indicaciones mientras los dos se tocaban sus pollas que se habían puesto duras de verme en el suelo de rodillas. Limpié las botas/zapas con la lengua hasta dejarlas brillantes. Luego me llevaron delante de un espejo y C se subió encima mia. Me piso los cojones, me pisó la cara y el pecho mientras gemía de gusto. Luego me pusieron de rodillas y comencé a hacerles una mamada, sobre todo a C.,que estaba disfrutando muchísimo. J. miraba y de vez en cuando daba alguna indicación. La bota/zapa estuvo presente siempre. Me obligaron a levantarla en una mano, a sujetarla con los dientes mientras masturbaba a C. Yo era un perro a su disposición, y me encantandaba. Ellos se daban cuenta y decían expresiones como "!Qué cara de vicioso se te pone!" o "Puto perro de mierda, limpia bien".
Todos estábamos excitadísimos, pero se me hacía tarde así que tuvimos que parar quedando para más adelante. Fui a lavarme y a recomponerme un poco y cuando volví C. me preguntó si quería agua. Le contesté que si y entonces sacó una botella. Ante mi sorpresa vertió un poco en la bota/zapa y me la ofreció y, ante la suya, la cogí sin rechistar y me la bebí. "Hasta bebiendo agua este cabrón me tiene que poner cachondo", dijo. Entonces me despedí y salí. Tenía un hora para llegar a la cena y partir el año.

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