viernes, 14 de octubre de 2005

Una sesión de bondage

Ayer J me envió un sms diciéndome que hoy me llevara mi material al trabajo por si después teníamos una sesión. Yo obedecí.
Nos habíamos visto el sábado anterior para tomar café después de algún tiempo sin vernos. Me reprochó que estoy metido en tantas cosas que no tengo tiempo para lo realmente importante que en este caso es El. Pensé sobre ello y consideré que tenía razón en cuanto el bdsm es muy importante para mi. Decidí que la próxima vez que me llamase acudiría sin poner excusas y que si tenía lago que hacer lo pospondría. Y así fue.
A la hora indicada estaba tocando a su puerta. Abrió y entré. El vestía pantalón vaquero, zapatillas de cuero marrón y camiseta. Cerró la puerta y se puso delante mia con el pie izquierdo adelantado. Aquello sólo podría significar una cosa, así que me arrodillé y comencé a lamérsela, con intensidad; por delante, por los lados, por el talón. No paré hasta que toda la zapatilla estuvo brillante. Luego pasé a la otra cuando El la puso delante mia. Cuando hube terminado me ordenó que me desnudara. Lo hice y quedé de rodillas con las manos a la espalda en actitud de espera. Un ligero empujón bastó para que me pusiera a cuatro patas, en postura de atención, con la cabeza en alto. Lo primero que me puso fue un collar que ajustó bastante a mi cuello.
Luego comenzó a ponerme una cadena alrededor del cuerpo. La enganchó al collar y por la espalda y la raja del culo por delante hasta el collar nuevamente. La cadena justo me tocaba el orificio del ano lo que, además de una sensación de frío parecía que lo tenía completamente abierto. Luego me puso un antifaz con lo cual no vi absolutamente nada de lo que hizo después aunque sí lo sentí. Colocó otra cadena alrededor de mi cintura y la apretó. Luego me puso las dos esposas de cuero y me dobló los brazos a la espalda enganchándolos a la cadena. En un primer momento los dobló tanto que el dolor era muy intenso y no podía soportarlo mucho. Supuse que querría tenerme así algún tiempo así que los desenganchó y los colocó un poco más abajo, pero no demasiado, por lo cual eso ya era una tortura. Luego me colocó la mordaza de bola para que no pudiera quejarme por lo que volví a suponer que iba a pasarlo mal.
Acto seguido me ató los pies con una cuerda, también muy fuertemente y los dobló hasta casi tocar mi culo, pasando luego la cuerda por el collar de forma que cuando tiraba me obligaba a doblarme. Las piernas tiraban del cuello de forma que comenzaba a asfixiarme. Cada tanto tiempo me preguntaba si estaba bien y yo respondía. Me había metido en situación muy rápidamente y estaba perfectamente integrado en mi papel de sumiso.
Ya me tenía perfectamente inmovilizado y empezó a jugar conmigo. Lo hizo poniéndome algo elástico de latex o goma en la cara. Lo estiraba hasta que cubría toda la cara y entonces me la ponía, impidiéndome respirar. Al principio lo dejaba poco tiempo puesto pero, poco a poco, fue aumentando.
Cuando me rebelaba mucho o me resistía, El tiraba de la cuerda haciéndome doblar, aumentando aún más la asfixia y tensando los músculos de mi espalda, brazos y piernas.
Sufro de alergia y en un momento dado se me bloquearon las fosas nasales y como tenía la bola en la boca, el aire que entraba era mínimo. Comencé a asfixiarme de verdad. Gracias a Dios se dio cuenta y quitó la bola con lo que pude aspirar el tan preciado aire. El me acariciaba y decía que me me tranquilizara. Entonces volvió a tirar de la cuerda, ahora más fuerte y durante más tiempo. El dolor y la asfixia eran mayores......y crucé la linea.
-Me someto, Amo, me someto- dije a duras penas. El soltó la cuerda y preguntó:
-¿Qué has dicho?
-Que me someto a su voluntad Amo-contesté yo.
No podía ver su cara pero estuvo en silencio unos segundos. Entonces me desató, me quitó las cadenas pero dejó las muñequeras. Me quitó el antifaz y puede verle mientras mis doloridos músculos, especialmente los brazos, recuperaban parte de su movilidad.
Cuando me hube recuperado y levanté la vista El ya se había sentado en un sillón y tenía las piernas abiertas. Con un gesto de la mano me indicó su entrepierna y yo fui, me apoyé en su rodilla y lo miré. Quería que me comportara como un perro y así lo hice. Comencé a jugar y a lamerle la mano. Y le mordí muy suavemente la entrepierna. Noté su polla dura. El se la tocó para que viera su forma a través del pantalón. Entonces me apartó y me quedé en posición de atención. El desapareció de mi campo de visión y cuando volvió solo tenía puesta una camiseta.
No sé cuanto tiempo duró pero lo único que hice a continuación y durante bastante rato fue hacerle una mamada. Durante ella me llevé dos bofetadas por no ser cuidadoso y hacerle daño y estuve a punto de vomitar varias veces por las arcadas, de lo profundo que llegaba su miembro. A intervalos también jugaba con la respiración poniéndome ese trozo de latex que ahora pude ver era un gorro de natación. Me pareció enormemente ingenioso la forma en la que lo estaba usando.
En un momento dado me fui calentando y me volví más atrevido. Me subí encima suya, aun estando de rodillas y comencé a manosearla la polla. Entonces Él se enfadó y me puso recto de rodillas, esposándome las manos a la espalda y sujetándome por el cuello para que no me pusiera encima de El.
Así estuvimos bastante tiempo. Había perdido la noción de cuanto llevaba allí, pero en un momento dado, tras un rato que llevaba puesto el antifaz me lo quitó y dijo.
-¡Vístete!
Obedecí y salimos. Fuimos hasta su coche y le abrí la puerta. Entró, dejó un pie fuera y me arrodillé para besárselo. Luego me dijo que me llamaría y se fue. Yo fui hasta mi coche y me marché. No sé si se corrió o no. Realmente tampoco importa. Lo importante es que pareció gustarle la sesión y yo me sentí muy muy sumiso.

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