domingo, 13 de abril de 2014

día 1550 de esclavitud, 121 de castidad

el Dueño dejó al perro dormir hasta que se levantó por él mismo. depsués de pasar por el baño, como todas las mañanas, fue al salón donde esperaba el Dueño. hablamos y me preguntó si había orinado. cuando le dije que sí, me ordenó que a partir de ahora tenía que pedirle permiso para la primera orina del día. ha desarrollado un fetichismo por la orina que desea usar con el perro.
tras desayunar la idea era dejar al perro encerrado en la celda, pero tras la ducha el perro se puso pantalones de cuero y las botas de montar de goma. aquelle le encantó al Dueño y empezamos de nuevo. está vez ató al perro primero con las manos delante y leugos detrás. fue un juego de botas y bondage y ambos nos excitamos. bueno, realmente se excitó el Dueño porque el pero llevaba puesta la jaula de metal. desde que llegó sólo se la ha quitado para ducharse por orden del Dueño. entonces el Dueño cogió la capucha con cremallera en la boca y se la puso al perro. luego añadió una mordaza de tela. a continuación metió sus manos en sendas botas sendras. luego le ordenó que se pusiera a cuatro patas. le sacó de la celda, a un lugar donde hace más luz y le hizo un video caminando a cuatro patas con las manos metidas en las botas. era una especie de "bondage botero" porque no podía usar las manos para nada.
lo siguiente fue colgar otra bota en la nariz del perro y atarla a la nuca. así tendría que oler la esencia que salía de las botas. volvió el perro a dar una vuelta alrededor de la cocina a cuatro patas. el Dueño grabó todo eso. fue algo humillante, y doloroso. todo se vuelve doloroso porque la polla del perro se pone dura pero la jaula de metal no le deja crecer, con lo cual cada pulsión del pene es una oleada de dolor que se sucede.
volvimos a la celda y el Dueño tumbó al perro en la cama y lo ató de manos y pies. así se corrió de nuevo el Dueño.
lo que quedó de mañana lo pasó el perro encerrado en su celda, una vez desatado pero con una fuerte mordaza de cinta que le impedía hablar, y unas muñequeras de bondage de cuero, aunque no estaban unidas. así pudo leer y escribir hasta que el Dueño abrió la puerta para llevar al perro a otra habitación de la casa, donde el perro le hizo varias fotos.
a continuación el Dueño ató al perro en esa misma habitación de pies y con las manos a la espalda y lo sentó en un sillón. trajo la mordaza "de dentista". el perro la llama así porque hace que mantenga la boca abierta permanentemente. es complicada de poner porque, como en este caso, si los labios quedan bajo los dientes, estos se clavan y es muy doloroso.
-Hasta que no babees como el perro que eres no te la quitaré- dijo el Dueño.
y efectivamente hasta que el perro no babeó, no se la quitó, sustituyéndola por una de bola.
el Dueño dejó así al perro un buen rato, sacándole videos y fotos, atado de pies y manos, y amordazado, sentado en un sillón. sencillamente estuvo jugando con él hasta que el Dueño se comió sobre las botas atadas de goma del perro. el dolor ya era parte del perro porque no hacía sino empalmarse y la jaula no hacía sino contenerlo.
cuando el Dueño regresó después de limpiarse, levantó al perro del sillón, lo desató los pies y le ordenó que fuera a su celda. allí lo amordazó con cinta americana muy fuertemente, le ató las manos por delante y, después de tumbarle, le ató los pies. a continuación le puso un antifaz en los ojos y los auriculares del ipod en los oídos. así comenzó una sesión de reprogramación.
el perro estuvo una hora a oscuras, atado y amordazado, oyendo la voz de su Dueño repitiendo constantemente un mantra: "no eres nada, no tienes derecho a nada..." tras los momentos iniciales el perro entró en subspace muy profundo. a oscuras, en silencio, inmóvil, sólo existía la voz del Dueño que fue perforando todas y casa una de sus barreras psicológicas hasta no quedar ninguna.
el tiempo pasó sin darse cuenta casi, porque el Dueño apareció y, sin desatarlo, sentó al perro en un sillón que había en su celda. estaba completamente entregado, sometido, sin voluntad. la mente del perro estaba en aquel lugar, allí y ahora y no importaba nada más. no podía negarle nada al Dueño, estaba sin capacidad de elección ni decisión. si le hubiera ordenado que se diera cabezazos contra la pared, el perro lo habría hecho.
entonces el Dueño se sentó frente al perro y se masturbó hasta correrse viendo el estado de indefensión y entrega de su perro. fue la cuarta vez ese día.
viéndole en ese estado de excitación, el perro no pudo evitarlo y la jaula volvió a provocarle dolor al intentar el pene empalmarse. el dolor era tal que el perro gemía y el Dueño preguntó si el perro quería ordeñarse. la duda se sembró en el perro, porque quería pero a la vez se avergonzaba de querer. entonces el Dueño le quitó la jaula y le ordenó al perro ordeñarse y el perro lo hizo rápidamente.
de nuevo fue algo sin placer, un ordeño sin orgasmo, una simple sacada de leche. la jaula volvió a su lugar.
después de limpiarnos el Dueño sacó al perro a dar una vuelta y a tomar algo en chueca. fuimos dando un paseo y nos encontramos con la procesión de la burrita, ironías de la semana santa. el rato en chueca fue de comunicación sincera y transparente. eso siempre tiene que estar presente en una relación D/s. así terminó el día.
obediencia ciega para el esclavo, poder absoluto para el Amo.

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