sábado, 12 de agosto de 2006

Tomando posesión II

Apenas dormí dos horas seguidas esa noche. Me despertaba cada dos por tres dolorido y buscando una postura más cómoda que nunca encontraba. Además con cada vuelta la cadena se apretaba más y oprimía mi garganta, con lo cual me despertaba y volvía a empezar. El resultado fue que me desperté más agotado de lo que me acosté. Tenía agujetas de la sesión del día anterior y de mis últimos días en el gimnasio. En cuanto se dio cuenta de que estaba más o menos despierto, mi Amo tiró de la cadena para subirme a la cama y me abrazó. Yo comencé a lamerle los pezones y aquello le puso porque se levantó y me puso otra vez sobre la cama a cuatro patas mientras me volvía a untar con lubricante y otra vez la embestida inicial me hizo caer hacia delante. Aún así mi culo parecía haberse adaptado a su polla, que entró sin demasiada dificultad. Entonces comenzó a follarme y otra vez lo hizo de forma ruda y directa, aumentando el ritmo cada vez más fuerte. A medida que avanzaba y me la metía más y más yo iba entrando y participando con mi movimientos. Una cosa que le encanta es sacarla, esperar dos segundos y meterla y de pronto hasta el fondo, y repetirlo un par de veces. Cuando se cansó de tenerme en la cama tiró de la cadena que aún llevaba al cuello para levantarme y me volvió a penetrar estando de pie. Luego me puso sobre un aparador que estaba en un extremo de la habitación, bajo un espejo. Al levantar la vista nos vi, a El con cara de vicio follándome y a mi con cara de cerdo, siendo follado. Cuando se dio cuenta de que lo veía tiró de la cadena asfixiándome. El aire comenzó a faltarme y tuve que utilizar las manos para hacer un hueco que me permitiera seguir respirando. Aquello le excitó aún más, aumentando las embestidas que pegaba. De nuevo el tiempo volvió a desaparecer porque no sé cuanto duró. En un momento dado volvió a subirme a la cama y me ató las manos a la espalda con una cuerda, de forma que tuve que mantener la cara pegada a la cama y el culo levantado. Así volvió a follarme otro rato. Mis gemidos debieron aumentar, sin que yo me diera cuenta, porque paró y me puso una mordaza de bola, ante de seguir abriendo mi culo que ya empezaba a no sentir como mio. Igual que el día anterior paró, e igual que el día anterior, me quedé sudando, con el culo levantado, las manos atadas y la bola dentro de la boca impidiéndome hablar. Fue al baño y cuando volvió dijo:
-¡Desátate y vístete!.
Como esperaba un castigo serio si no obedecía comencé a agitarme para intentar liberarme de mis ataduras, cosa que conseguí en relativo poco tiempo. No es por nada pero soy muy bueno en eso, como demostré varias veces el fin de semana.
En pocos minutos estaba preparado y listo y fuimos a desayunar. Me sentía completamente agotado, un poco hundido, como en estado de shock. Entiendo perfectamente cómo las sectas consiguen todo lo que quieren de sus adeptos con la falta de sueño. En aquel momento todo me afectaba, estaba hipersensible y me sentía emocionalmente indefenso. Hubiera obedecido en todo sin rechistas. Desayunamos bien y ya eran las diez de la mañana cuando comenzamos.
En cuanto terminamos volvimos al apartamento y de allí fuimos a dar una vuelta por las Américas o los Cristianos, no recuerdo porque no conozco la zona. Compré algo de fruta para cenar y algunos yogures en el supermercado mientras El iba a la farmacia. Compró unos tapones para los oídos. Tomamos un café y volvimos al complejo. Cuando llegamos el ritual volvió a comenzar. Yo desnudo y El sentado delante del ordenador, conmigo a sus pies, con la cabeza apoyada en las rodillas. Esto duró pocos minutos porque inmediatamente me volvió a meter entre sus piernas y en pocos segundos le estaba comiendo la polla otra vez. Cuando estuvo excitado, cosa que ocurrió pronto, me levantó, me puso el collar y luego los tapones en los oídos. A continuación me puso la venda y luego me colocó la capucha de cuero negro. Me hizo comérsela otro rato a través del orificio de la boca de la capucha. Yo hacía tiempo que había perdido el sentido del tiempo y ahora, completamente cegado y sin oír la sensación era muy extraña. Sólo sentía ese pitido incómodo que aparece cuando todo es silencio. Aunque a veces movía la cabeza porque creía haber oído algo pero no estaba seguro, o sencillamente eran mis sentidos que me engañaban.
Volvió a utilizar los palos con orificios de metal a los lados y en el centro. Me abrió las piernas y tras cerrar las tobilleras las enganchó a los extremos de un palo. Lu ego hizo lo mismo con las muñequeras a otro palo que puso a mi espalda y que sujetaba con los codos, obligándome a tener los brazos doblados. Casi no podía caminar pero aún así a pequeños pasos me llevó hasta el piso de abajo. Volvió a untarme el culo con lubricante y volvió a follarme. Igual que las otras veces me cambiaba de postura. Yo solo podía concentrarme en mi respiración y en lo que sentía porque ni veía ni oía absolutamente nada.
Entonces paró y comenzó a tocarme los pezones, a apretarlo cada vez más fuerte. Yo podía haber gritado pero me contuve. Hice el firme propósito de que, cuando me quitara la capucha y la venda, podría mirarlo fijamente a los ojos demostrando que era un tio y no una marica loca, que era un hombre, que podía soportar el dolor, así que aguanté. Decidí ganarme su respeto. Pensé que iba a rendirme pronto pero yo mismo me sorprendía de cómo integré el dolor, porque el dolor siguió. Primero me puso pinzas de la ropa en los pezones, luego me las colocó en los brazo y en los costados y al final en los huevos y la polla. Las oleadas de dolor me recomían peroyo aguantaba respirando profundamente. Incluso durante un segundo me pareció no estar allí. Antes de volver a follarme las quitó todas menos las de los huevos. A cada embestida yo notaba cómo se movían y rozaban mis mulos. Las sensaciones eran tan intensas que no sabía si estaba gozando o sufriendo, si ambas cosas a la vez o ninguna. El hecho es que me puse a respirar y respirar y me centré en eso y, extrañamente, se hizo más profunda y calmada. Cuando eso pasó fui yo quien comenzó a embestirlo a El, quería su polla dentro de mi, que se quedara allí dentro, que tomara posesión de lo que era suyo. Ser follado, especialmente si estás atado, cegado, inmovilizado por un par de palos es para mi uno de los mayores signos de sumisión. Siguió follándome no sé cuánto tiempo pero yo no veía nada, no oía nada, no podía moverme sino cuando EL me cambiaba de postura. Realmente me sentía nada en sus manos, en aquel momento no existía nada más.
Cuando terminó me desató y me llevó arriba. Yo seguía con la capucha puesta y tenía que depender completamente de EL para subir las escaleras. Cuando llegamos me quitó todo. Lo que más se me ha quedado marcado es la sensación de aire fresco que corría por mi cara. Al quitarme los tapones la sensación fue aún más extraña. Me sentó a su lado mientras descansaba. Yo solo llevaba puesto el collar; El sus pantalones de cuero y sus botas. Yo estaba allí, a un nivel más bajo, esperando. Entonces El estiró la pierna y yo supo lo que significaba. Me acerqué y comencé a lamerle la botas. Sacaba toda la lengua y recorría con gusto la superficie de la bota. Cuando hube recorrido toda la bota me situé delante de El y, mirándole fijamente a los ojos, comencé a lamerle las suelas. Lo hice sin dudar y con toda la boca. El sabe que no es una práctica que me guste hacer pero se lo ofrecí como muestra de mi sumisión y El pareció entenderlo así porque inmediatamente puso cara de gusto. Continué con la otra bota e hice lo mismo. Cuando hube terminado me llamó hasta El moviendo el dedo y cogiéndome por el cuello me metió la lengua hasta el fondo. Yo me dejé hacer, me abandoné a su poder sobre mi.

viernes, 11 de agosto de 2006

Tomando posesión I

Habíamos acordado pasar junto el fin de semana. Yo tenía un billete de barco que tenía que utilizar así que fui a Fred Olsen y me embarqué a Tenerife. El viaje fue regular porque me mareé un poco a pesar de que el mar estaba en calma. Cuando llegué no lo vi. Estaba un poco despistado porque siempre había viajado en avión y la terminal del barco era desconocida para mi. Al final lo vi y me hizo una seña, sencilla, casi imperceptible, pero autoritaria, imposible de ignorar. Comenzó a caminar y yo fui detrás. Nos saludamos ligeramente y abrió la furgoneta. No traía el coche de siempre sino una furgoneta nueva azul. Me ordenó subirme detrás mientras El arrancaba. Me sentía extraño atrás, como entre castigado y pasajero ajeno a aquello. Me costaba sobre todo hablar con El en ese lugar. Al principio me sentí tenso pero en cuanto enfilamos dirección sur y hablamos dos o tres cosas parecía como si no nos hubiésemos separado. Estuvimos todo el camino hablando, renovando el vínculo. Por supuesto yo estuve educado y sumiso, mostrándole mi respeto. Ninguno de los dos habíamos comido así que nos paramos en un bar a comer. Seguimos hablando de varias cosas, casi todas relacionadas con el bdsm y nuestra relación en concreto. La comida estaba estupenda pero no pude terminarla porque el barco me había dejado el estómago revuelto.
-Come porque hoy no vas a cenar- me dijo.
Pero aún así no pude comer. Reemprendimos viaje al Sur, donde llegamos poco tiempo después. Tardamos poco en instalarnos. Ya era tarde y el supermercado del complejo iba a cerrar. El apartamento era una especie de duplex. A la entrada estaba la cocina y un salón bastante amplio con balcón. Debajo había un dormitorio, también grande, con terraza, y un baño. Habíamos dejado las cosas en el dormitorio cuando me dice:
-Vete a comprar lo que haga falta para la cena.
Inmediatamente puse cara de espanto porque cocino fatal y además hacían falta muchas cosas para poder hacer cualquiera de los limitados platos que me salen. Junto con mi cara de espanto se me ocurrió decir un "pero" y antes de que me diera cuenta me había llevado una enorme bofetada que me dolió y avergonzó a partes iguales. Todavía con la mejilla roja y la cabeza gacha salí a comprar algo para cenar. Opté por unos spaguettis y una salsa boloñesa preparada. Cuando volví había sacado el ordenador y estaba haciendo alguna cosa. Coloqué las cosas en la cocina y fui hacia él. Le dí los dvds que había grabado con películas y me dijo que le enseñara lo que había traído. Desde hace algún tiempo he cogido el hobby de hacer cosas de cuero, especialmente artefactos de bondage y cosas así. El problema es que me había quedado sin material y no había podido terminar lo que me había propuesto llevarle. Le mostré las cosas y le expliqué por qué muchas no estaban terminadas.
-Eso son excusas tontas- dijo El.
Y entonces comprendí que iba a castigarme de nuevo por hacer algo mal así que, lentamente me quité las gafas y las puse encima de la mesa. No habían pasado ni tres segundos cuando un nuevo bofetón me cruzó la cara. Aquellos castigos me producían mucho daño, no tanto por el dolor físico, que si, sino porque eran auténticos castigos por haber hecho algo mal, por no haber sido diligente, por haber cometido un error.
Tras esto me ordenó quitarme la ropa. No volvería a estar vestido en su presencia, salvo cuando saliésemos a la calle. Me colocó el collar, las muñequeras y la tobilleras. Se sentó y metió
mi cabeza entre sus piernas. A través del pantalón vaquero pude oler su polla y sentirla dura mientras se la lamía. Luego se la sacó y comencé a comérsela. Aún estaba suelto, a cuatro patas, delante suya, comiéndole su polla de todas las formas posibles. El muchas veces me llevaba, aumentando o reduciendo la velocidad y la profundidad. Así estuvimos un buen rato. Entonces se levantó y me tapó los ojos con un antifaz. Noté que El bajaba al piso de abajo. Al rato volvió a subir. Se había puesto unos chaps de cuero y un suspensorio. Lo noté cuando volvió a meter mi cara entre sus piernas. Me obligó a lamerle el suspensorio y luego, otra vez, su polla. Esta vez me engancho las manos y los tobillos con sendos candados. Me sentía tremendamente humillado y excitado. No se cuanto tiempo pasé allí así, comiéndole y lamiéndole. Solo recuerdo que en un momento dado me levantó y sujetándome por el cuello me llevó a trompicones al piso de abajo. Yo estaba con los ojos tapados así que me era imposible ver nada. Me quitó los candados y me subió a la cama donde me puso a cuatro patas y me ató los pies sujetándome a las patas de la cama. Mi culo quedaba expuesto y supe lo que vendría a continuación. Mi intuición se confirmó cuando noté algo frío en un orificio. Me estaba poniendo lubricante, y no sólo por fuera sino que lo metía con varios dedos, con lo cual era como si hubiera comenzado a follarme ya. Sin embargo ese sólo era el preámbulo. La primera embestida fue muy dolorosa, pero la hizo sin compasión. Yo intenté ir hacia delante pero no pude al estar atado por los pies, una postura que se repetiría varias veces el fin de semana. Me concentré en mi respiración para no gritar. Las siguientes fueron igual de profundas pero el dolor fue sustituido paulatinamente por el placer. El lo hizo en silencio pero yo pronto tuve que gemir y decir guarradas. Soy un perro y un cerdo y cuando me están follando no puedo dejar de decirlo. La venda de los ojos evitaba cualquier distracción. Sólo existía aquella polla entrando en mi. El calor hizo que pronto estuviera sudando a goterones y la excitación que contribuyera con movimientos cada vez más fuertes e intensos. La cama pronto comenzó a golpear la pared mientras él seguía embistiendo. El tiempo se detuvo, o pasó volando, no lo sé, perdí completamente la noción de todo. Solo había oscuridad y mi Amo poseyéndome. De pronto paró. Lo oí moviéndose hacia el baño mientras yo me acurrucaba en la cama, sudoroso, dolorido, extenuado. Volvió del baño, me desató y me quitó el antifaz. Se había quitado los chaps y se había vestido con ropa veraniega.
-Recoge esto- dijo- y cuando vuelva quiero tener la cena preparada.-Y se fue.
Rápidamente hice todo lo que me mandó. Primero me desaté los pies y recogí y me puse a preparar la cena, que por cierto fue un desastre. Los spaguetti se me pasaron un poco y la salsa boloñesa, de bote, estaba horrible. Aún así cuando llegó tenía todo preparado y le serví un plato.
-Esto es mucho para mi-dijo. Entonces me llamó a su lado para que me pusiera a cuatro patas. Así lo hice y cogió otro plato y puso parte de sus spaguettis. Me lo dio y dijo:
-¡Come!
Puso el plato en el suelo y comencé a comer como el perro que soy. Aquello pareció no gustarle porque me puso la pierna encima y presión mi cara contra el plato lleno de spaguettis con salsa boloñesa hasta que me faltó un poco el aire. Notaba toda mi cara manchada pero terminé el plato. Cuando me senté sobre los tobillos para indicar que había terminado dijo:
-Ahora limpia este- Y me colocó el suyo delante.
Cuando terminé me ordenó recoger todo y me dio permiso para limpiarme la cara. Luego me senté en el suelo a su lado mientras veía las películas que le había traído. Al rato me llevó de nuevo abajo. Al lado de la cama puso una manta doblada. Alrededor del cuello me puso una cadena muy gruesa que cerró con un candado y me dio una almohada mientras señalaba el suelo. Allí dormiría esa noche mientras él sujetaba el extremo de la cadena. Allí me tumbé y dormí.